¿A quién le importa mi proceso creativo?

Creo que ninguna persona bajo su sano juicio me llevaría la contraria al decir que una de las cosas más molestas que existe, es cuando alguien quiere sabotear tu proceso creativo. Este mal se remonta a mis primeros recuerdos en la escuela. Yo era una niña de 4 años que no tenía la mejor memoria, escribía extraño y con todas las letras pegadas, mi IQ social era cuestionable, pero a la hora de pintar, estaba años luz del resto de los niños; mi desempeño era sobresaliente.

En la vida sucede que cuando uno es bueno en algo, le agarra el gusto. Es así como desarrollé la costumbre de dibujar en el salón mientras las clases tomaban lugar. Curiosamente, mientras dibujaba escuchaba simultáneamente todo lo que la profesora estuviese diciendo y podía sobrellevar la clase mucho más relajadamente y sin la angustia de las horas que estuvieran pasando, porque a pesar de que se estuviera impartiendo un tema que no era de mi interés en lo absoluto, una parte de mi cerebro estaba siendo estimulado con una actividad que sí me ocasionaba bienestar.

Ahora, toda acción tiene una reacción. Un día una de mis profesoras decidió tomar mi iniciativa de dibujar como una enorme falta de respeto por su suposición de que yo “no estaba prestando atención” (cosa que era un error, ya que yo me concentro mucho mejor cuando tengo un lápiz y un papel en frente). La profesora me gritó “ANA VICTORIA, PAY ATTENTION”.

Acto seguido, mis compañeros de clase se empezaron a burlar y por primera vez en mi vida fui víctima del bullying. Esto evolucionó. Eventualmente la profesora le pedía a mis compañeros que cuando ella cantara “Ana Victoria” ellos tenían que responder con “pay attention”. Este ritual se repitió varias veces a lo largo del año. Más adelante cuando pasamos de año y ya no teníamos esa profesora, mis compañeros seguían llevando a cabo el ritual mortificante. Aparentemente nadie estaba en contra de ello.

Mientras la presión por interrumpir mi proceso creativo iba incrementando, mi determinación por desarrollar mis capacidades artísticas se iba fortaleciendo hasta que eventualmente desarrollé la fama de ser “terca” u “obstinada”. Mi orgullo no me iba a permitir que los bullies se salieran con la suya, o porque que los profesores no comprendieran que para que mi mente no DIVAGARA era necesario que yo estuviera dibujando, sabotearan mi integridad.

Así fueron pasando los años y eventualmente me cambié de escuela.
En la segunda escuela a la que asistí, mis calificaciones mejoraron exponencialmente porque por voluntad propia decidí exigirme más. Aún así, seguía dibujando en clases.
Esta vez no contaba con la orquesta sinfónica de “Ana Victoria Pay Attention” pero sucedió algo peor.

Varios profesores me arrebataron de las manos mis dibujos, los rompieron frente a mis ojos y los botaron a la basura. Otros profesores me confiscaron mis libretas de dibujo. Es necesario mencionar que en la escuela en la que me encontraba ahora, no contábamos con una clase artística. Todas las materias eran teóricas. ¿Qué lugar podía ocupar una persona como yo?

Mis calificaciones fueron mejorando y mis dibujos no dejaron de existir. Era obvio que el lápiz y el papel NO afectaban en lo absoluto mi concentración en clase. Sin embargo cuando me los arrebataban, mi mente empezaba a divagar y en pocos minutos me encontraba pensando en la inmortalidad del cangrejo y en si Sakura llegaría a encontrar todas las cartas Clow. Era imposible que escuchara a los profesores.

Un buen día aproximadamente en cuarto año de secundaria, me encontraba dibujando en medio de una clase. Uno de mis compañeros gritó “profesor, Ana Victoria está dibujando” a lo que el profesor responde “y eso qué tiene que ver con nada? Ana Victoria es una de mis mejores estudiantes y ella escucha absolutamente todo lo que yo digo. Uno escucha con los oídos, no con los ojos. A mí no me importa que ella no esté mirando hacia el tablero todo el tiempo. Sus cuadernos tienen todos los apuntes completos, saca la mejor nota en los exámenes y si en este momento le hago una pregunta me la responde inmediatamente.”

Dichas palabras fueron seguidas por un silencio sepulcral, y eventualmente ese profesor se encargó de informarle a los otros profesores que era un error condenar mis dibujos, ya que mi concentración mejoraba significativamente con esta conducta.

Un buen día me gradué de la escuela, entré a la universidad (a estudiar Arquitectura lo cual requería que yo estuviera dibujando todo el tiempo y entonces las amenazas de mis profesores se convirtieron en un chiste interno para mí), me gradué de primer puesto, y entonces un amigo compartió un hallazgo científico conmigo:

SE DSCUBRE QUE DIBUJAR Y HACER GARABATOS ESTIMULA LA CONCENTRACIÓN Y LA RECEPCIÓN DE INFORMACIÓN.

(http://content.time.com/time/health/article/0,8599,1882127,00.html comparto el link con ustedes)

Antes de terminar esta nota, me gustaría hablar de mi última experiencia. Los fantasmas de mi infancia me persiguen en el mundo profesional. Existe una enorme aversión hacia el uso de las redes sociales, aparatos tecnológicos y elementos recreacionales durante la jornada laboral en las empresas. A mí me han llamado la atención muchas veces por caer en cualquiera de estas tendencias.
Si tan solo supieran que estos “elementos distractores” en realidad mejoran mi rendimiento en una jornada laboral…

Pero en este mundo de sacos y corbatas, ¿A quién le importa mi proceso creativo?  

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One Response to ¿A quién le importa mi proceso creativo?

  1. Kara Qöz says:

    De verdad que me cuesta entender como algunas apoyan el tipo de comportamiento “bullying” con tal de verse bien para la mayoría.

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