El Sexto; el Peor.

“There, pride, avarice, and envy are the tongues men know and heed, a Babel of despair”

-Divine Comedy

Hace unos meses tuve la maravillosa oportunidad de ser la maquillista en una sesión de fotos con la temática de los 7 pecados capitales. Durante la experiencia, se formuló la pregunta ¿Cuál de los 7 pecados consideras el peor? Por qué?

Inicio este post con el preámbulo de que claramente lo que explicaré es material de opinión personal. No pienso que tengo la potestad de clasificar un pecado como “el peor de todos” autoritariamente, mas sí cuento con el derecho de establecer mis consideraciones.

Los últimos años de mi vida han sido bastante difíciles, no solo porque me he visto obligada a triplicar mis esfuerzos en todos los ámbitos, sino porque simultáneamente me he visto obligada a lidiar con la serpiente que intenta trepar por mi tobillo. No me refiero a mi pitón, Loki. Me refiero a la metáfora del sexto pecado capital; La Envidia.

“La envidia es aquel sentimiento o estado mental en el cual existe dolor o desdicha por no poseer uno mismo lo que tiene el otro, sea en bienes, cualidades superiores u otra clase de cosas.1 La RAE la ha definido como tristeza o pesar del bien ajeno, o como deseo de algo que no se posee.2

Debo admitir que me siento extraña, porque a pesar de que es humano, no me siento muy familiarizada con el sentimiento de la envidia. Siempre he dicho que mi pecado capital es la ira, mas por algún motivo o falla en mi sistema, me cuesta mucho trabajo o sencillamente no logro sentir dolor, sufrimiento, inconformidad, o molestia por el triunfo de otra persona, y tampoco es normal en mí compararme con otra persona a menos de que sea estrictamente necesario. Cuando una mujeres más bonita que yo, aprecio su belleza. Cuando es más inteligente, busco aprender de ella. Las personas sobresalientes me hacen sonreír. Lamentablemente, esta actitud no ha sido correspondida.

Hace pocos años estuve en una academia de bellydance y jamás olvidaré el momento en que decidieron empezar a entrenarme para ser instructora. Como sé que tengo un carácter fuerte y una manera un poco tosca de expresarme, a penas se me otorga una posición de autoridad, suelo bajar mi perfil y suavizar mi carácter exponencialmente, ya que no deseo bajo ninguna circunstancia que las personas se sientan incómodas por mi actitud. Siempre he encontrado bonita la idea de ser un líder a quien la gente pueda contemplar con respeto y aprecio. Ahora, un día, de la nada, una de las estudiantes rompió en una rabieta y empezó a gritar que se quería ir de la academia y me señalaba a mí. Repetía y repetía que yo era una ridícula, que me creía superior a ella y ni la volteaba a ver porque ella era “de color” y de baja clase social y yo era una “yeyesita ridícula”. Cualquiera que me conoce pensaría que mi reacción habría sido meterle una buena cachetada, pero fue todo lo contrario. Me puse a llorar. Tenía decepción y tenía rabia. Primero que todo, yo jamás le falté el respeto, nunca la miré extraño, jamás la juzgué, nunca tuve ningún pensamiento negativo sobre ella. En las clases solía ser un poco callada porque tengo que concentrarme y ponerme seria para que me salgan los pasos correctamente pero jamás hice nada que se aproximara a hacerla sentir mal. Mis otras compañeras eran testigos de ello. Lo que más me molestó fue que, por lo contrario, ella me juzgó terriblemente por ser de piel blanca y venir de una familia con suficientes recursos, cosa que me parece absolutamente injusta y esa fue la primera vez que la serpiente de la Envidia me mordió el tobillo.

La segunda, tercera, cuarta, quinta, y no podría seguir contando porque ya he perdido la cuenta, se dieron durante mi carrera universitaria. Las interminables horas  de trabajo y noches sin dormir para llevar mis proyectos más allá de mi zona de confort, traían consigo un mar de comentarios pasivo-agresivos de parte de compañeros que se sentían insatisfechos con sus propios resultados, y nunca faltaba el “tú te pasas de la raya y nos vas a hacer quedar mal”.  No importaba que yo sacrificara horas de mi trabajo para ayudarlos y darles ideas que pudiesen contribuir a sus proyectos. No. La serpiente debe morder el tobillo.

Todo se torna mucho más oscuro y triste cuando la serpiente susurra al oído de personas que, tristemente, son las más cercanas a ti. Ahí es cuando ya se te van acabando las ideas; cuando vas corriendo a donde un amigo y le cuentas que algo bueno te sucedió, que ganaste un concurso, que te fue bien en el trabajo, que tu vida dio un giro inesperado, que bajaste de peso, que te contrataron para un proyecto importante, entre más grande el logro, más venenosa la serpiente. Llega un momento en donde el juego se vuelve un ping-pong de “te diré por qué soy feliz” – “Te diré por qué tu felicidad me deprime”.

Envidia… El sexto pecado capital… El peor de todos.

Te haces daño a ti mismo.

Le haces daño a la persona a quien envidias.

Le haces daño a las personas que están entre ustedes.

Una verdadera lástima.

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3 Responses to El Sexto; el Peor.

  1. Kara Qöz says:

    Wow si totalmente es el pecado capital mas inutil de todo, creo que Warren Buffet estaria de acuerdo contigo lei sobre eso en algun lado, pero personalmente mi papá me dice que por lo general la gente es así por ende es mejor hacer todo callado mientras este en tramite, por que sino las energías negativas de las personas pueden estropear todo y bueno si las cosas salen bien o ya culminan anunciarlo pio. Me ha pasado muchas veces que estoy en un proyecto o algo y mientras le digo a las personas nada sale, por la envidia que cargan encima pero donde desaparezco las cosas se comienzan a soltar y todo funciona. Suerte con todo! =D

  2. Ok lo lei y con tu permiso me meteré. Bueno con o sin porque el tema esta bueno. Todos conocemos la bendita frase de “el vaso medio lleno/vacio. Aqui tienes 2 maneras de ver el asunto. O por alguna razón desconocida despiertas en la gente el deseo de atacarte porque eres cruel y perversa… o te consideran una amenaza y una bien grande. ¿Que sucede cuando una persona es irrelevante en tu vida? probablemente lo sea tanto que no notas su existencia. Sin embargo, cuando usas tu tiempo para atacarlo, desmeritarlo, hablar a sus espaldas.. o tienes poco amor por tu tiempo o realmente la persona es una amenaza. Nadie patea a un perro muerto. Por otro lado, una constante en esta sociedad es el uso de pantallas. Gente que aparenta ser algo que no son y por si no lo has notado, hay una gran cantidad de personas inseguras por ahi. No hace falta que le hagas nada para que ellos mismos sufran un ataque de epilepsia o algo similar cada vez que alguien con un “ki” alto aparece. Les sale natural y te aseguro que no son asi solo contigo. Como dijo Jonathan Swift en los Viajes de Gulliver: “Dime quien es el más grande del pueblo y te diré contra quien están todos los enanos”. Esto te lleva a una importante decisión: O te sumas a la mayoria (Puedes tomarte un MinusIQ pill —- http://www.youtube.com/watch?v=z9pD_UK6vGU —–) o te preparas psicológicamente y aceptas que esto no cambiará hasta que la gente se vuelva menos estupida y tengan algo de caracter. Sea cual sea el camino, recuerda esta frase, que me la dijo una mujer muy sabia: Ese es el precio que te toca pagar por ser tan *insertar adjetivo deseado*

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